Elba Ortega Pardo, destacada música y maestra porteña, trasciende este plano
El martes 5 de mayo de 2026 Elba Adriana Lucia Ortega Pardo ascendió a tocar un arpa de luz y a descubrir los senderos del cielo, una extensión de su quehacer terrenal como excursionista, música, y maestra de Valparaíso, ciudad donde habita desde su nacimiento en el Hospital Alemán el 20 de septiembre de 1953.
Fue velada los días 5 y 6 de mayo desde las 10:00 a las 20:00 horas en la Parroquia Inmaculado Corazón de María, ubicada en Pocuro 834. Los servicios fúnebres comienzan el 7 de mayo con una misa a las 9:30 horas en la misma parroquia y el funeral se realizará a las 11:00 horas en el Parque El Sendero, Playa Ancha.
Fernando Alfredo Garrido Guzmán es el esposo de Elba. “Nosotros éramos excursionistas, pertenecíamos al Club Católico de Montañas de Valparaíso, ahí nos conocimos en 1977. Yo fui elegido presidente del Club y ella secretaria en 1979, de ahí no me soltó más. El ‘81 nos casamos, cuarenta y cinco años juntos. Tuvimos dos hijos, Fernando Antonio y Pablo Eduardo”.
“Ella hizo la enseñanza básica en el David Trumbull, la media en el María Luisa Bombal y entró a la Universidad Católica a estudiar Música. Fue por muchos años discípula de la Margot Loyola con Osvaldo Cádiz. Participó por mucho tiempo en el Conjunto Folklórico de la Universidad, cuando estábamos pololeando siempre la acompañaba a los ensayos en la sede que estaba en Cerro Alegre".
"A veces le tenía que llevar el arpa a sus convites, porque era bajita y el arpa grandota, y se juntaba con sus amigas a tocar música horas y horas. Era muy querida la viejita, han venido de visita familiares, amistades de infancia, estudiantes, muchas personas. Estamos agradecidos de todas las muestras de cariño”.
Gabriela Garrido Salinas es trabajadora social y nieta de Elba. “Fui la única nieta, la más regalona, por ende. Su fuerte era la guitarra y también el arpa, más que el piano incluso. Mi lalita me dio todo su amor, también me enseñó piano desde muy chiquitita y después un poco de guitarra. Me instruyó, es algo que atesoro dentro de nuestra relación".
"Los últimos años, ya siendo adulta, pude brindarle cuidados, el amor de abuela y nieta se fortaleció aún más. Ella en la infancia siempre me sacaba, dábamos una vuelta a la manzana, esas salidas en lugares cercanos son muy atesoradas en el corazón, y hacíamos excursionismo, caminamos muchos cerros y senderos, recuerdos valiosos”.
María José Vega Zúñiga, pianista y profesora, tomó clases en los inicios de su búsqueda profesional con Elba, quien era conocida por sus estudiantes como Tía Pelusa. “La conocí el año 2003 en el Centro Cultural Dos Oriente de Viña del Mar. Viví con ella durante seis años, en el tiempo que estudié en el Conservatorio de la Católica".
"No tengo palabras para describirla como profesora y como persona, una dulzura, siempre sembrando semillitas de pensamiento positivo, haciéndolo todo un juego, todo es posible, decía. Con esa semillita me quedo, la guardo en mi corazón y así es como también enseño”.

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