AWA: danza al tiempo de la baba de caracol
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| Foto: Diego Álvarez |
El martes 12 y miércoles 13 de agosto de 2025 se presentó “AWA” en el Parque Cultural de Valparaíso - Ex Cárcel, obra de danza contemporánea y performance dirigida por Javiera Peón-Veiga que imagina geografías viscosas, asociaciones promiscuas a través del agua, en donde los cuerpos se disponen como canales, recipientes transitorios en función de la circulación.
Se realizaron dos espacios de experimentación con inscripción gratuita: el miércoles 13 de agosto el Laboratorio “El Agua vino del Sol” en el Teatro de la Ex Cárcel y el jueves 14 el Laboratorio “Aguas Transcorporales” en la Playa Carvallo de Valparaíso, parte de la gira nacional de AWA, financiada por el Fondo Nacional de Fomento y Desarrollo de las Artes Escénicas, Convocatoria 2025.
EQUIPO
En el proceso creativo participaron personas de ámbitos de la danza, prácticas y medicinas corporales, así como científicos vinculados al medio ambiente, la climatología y la geología glacial, quienes fueron entrevistados para la puesta en valor de sus diferentes aportes y perspectivas.
Javiera Peón-Veiga, directora, co-creadora e intérprete de la obra, comenta: “AWA surge desde el interés por seguir vinculándonos, experimentando, escuchando a las aguas circular a través de distintas escalas corporales, geológicas, con un acento en las aguas del cuerpo humano y del sistema hidrológico. Trabajamos con un geólogo glacial, atendiendo a las aguas en forma de hielo, apareciendo así una poética glacial que atraviesa el proyecto”.
“El proyecto ‘AWA’ es antecedido por ‘HAMMAM’, que explora la relación con el vapor en contacto con el cuerpo, abordando variantes físicas, estéticas y corporales en torno al agua y sus diversos estados y escalas de circulación”.
Sobre los laboratorios, detalla: “El Agua vino del Sol es un Laboratorio que se hace en el mismo espacio escénico de la obra y explora materialidades de la puesta en escena. Trabajamos con cuerpos de hielo pequeñitos y está enfocado en compartir prácticas de movimiento relacionadas con el proceso creativo de AWA. El Laboratorio Aguas Transcorporales es una instancia pensada para la escucha de las aguas fundamentales del territorio en el que nos desenvolvamos, en el caso de Valparaíso explora el agua oceánica, marina, el cuerpo de agua la costa, y lo pone en relación con nuestro propio cuerpo, generando algunas prácticas de escucha y de cuidado, haciendo el nexo entre el autocuidado y el cuidado medioambiental”.
Varinia Canto Vila, co-creadora y performer, considera que “con el proceso creativo pude entender cómo otras artes y disciplinas piensan los fenómenos naturales, la ecología o la ecosofía. Este proceso transdisciplinario permitió que al llegar a la forma final de la obra pudiéramos tener un imaginario expandido sobre cómo transcribir el movimiento del agua en nuestros cuerpos”.
“La corporalidad en la escena podría ser la corporalidad de un deshielo. En el presente nos estamos deshielando bastante rápido, y en la escena el deshielo es lento y sostenido. Para mí poner el cuerpo en AWA es sostener una escena que es tan larga que no se vive como varias escenas, sino como la transformación de algo que tiene que cambiar”.
Claudio Muñoz, co-creador y performer, destaca “la ambigüedad, la duda, el misterio del proceso creativo, habitando juntos la capacidad de comenzar una búsqueda basada en la curiosidad hacia algo aparentemente conocido y cercano, como en este caso es el cuerpo, el agua, lo húmedo, permitiéndonos abordarlo desde una extrañeza particular”.
“El desafío personal más importante es poder sumergirse en este misterio. Nos ponemos a disposición en escena de algo que no depende completamente de nosotros, sino que hay que estar disponibles y atentos a la fluctuación y a los comportamientos propios que tienen los materiales, los fluidos, los deshielos, las caídas, el desafío de entregarse a una experiencia de la cual no tienes el control absoluto”.
Rodrigo Chaverini, co-creador y performer, evoca el proceso creativo en tres palabras: “intensidad, intimidad y amabilidad”. Determina que “la idea de ciclo es algo que atraviesa toda la obra, como una primavera, un verano, un otoño y un invierno que vuelven, pero nunca vuelven igual. Toda esa estructura va pasando por distintas fases, puede ser el mismo cauce, pero el agua cambia”.
Sobre el desafío que implica performar la escena, señala: “Parto colgado boca abajo, eso me invita a vencer miedos e instalarme en un lugar que no sabía posible. A ratos se cruza la idea de que mis aguas, mis líquidos corporales, no están sucumbiendo a la gravedad, sino que están manteniendo su propio ciclo interno, parte de la integración estructural que tienen los líquidos dentro de su propia organización. Aunque ya conocemos las escenas, las mareas son incontrolables. Trabajar con esta materialidad, este ser acuoso, es enfrentarse al flujo de lo impredecible”.
Rodrigo Sobarzo, co-creador y diseñador sonoro, comparte: “Esta no fue una creación lineal, sino una acumulación intuitiva de improvisaciones. Una herramienta interesante desde el diseño sonoro es el uso de un software creado con voces. Las sonoridades son un grupo de voces no humanas, de timbre orgánico, que se van sumando como un coro. Hay un tema que busca incomodar, se llama Colmillo y está hecho sumando elementos de percusión ralentizados. Trabajamos atmósferas cuasi cinematográficas, que fueron emergiendo de manera natural, y un registro del sonido de abejas que se extiende en su tempo y textura gracias al efecto de la reverberación”.
Antonia Peón-Veiga, co-creadora y diseñadora de iluminación, cierra: “Hacia el final del trabajo, cuando ya habían propuestas corporales y un uso del espacio más concreto, se fueron probando cosas más específicas en torno a la iluminación. Pienso que el color de las luces hace referencia a minerales en la naturaleza. Tenía la intención de hacer referencia a la bioluminiscencia, entonces aparecieron los azules, morados, que al mezclarse con el verde evocan chorreos minerales y piedras coloreadas por la flora, el cielo, las aguas. El blanco permite la apertura de enfrentarse a los cuerpos y el hielo, invita a explorar y adentrarse a estos nuevos colores que van apoderándose de la escena, lentamente, a medida que pasa el tiempo”.
Manuela Mege, quien realiza la adaptación del diseño de iluminación y es operadora técnica, considera que “siempre es un desafío adaptar un diseño lumínico a diferentes espacios, te encuentras con distintas y diversas características y condiciones en términos de dimensiones, de equipamiento, de tiempo de trabajo. La luz es un elemento tan sensible y la percepción que tenemos de esta se ve afectada por factores infinitos”.
“En este caso, tomar el diseño de otra artista y hacerlo propio es un ejercicio también desafiante, por un lado respetar la visualidad que se desarrolló en un proceso creativo y de experimentación muy riguroso, y por otro lado aportar de manera creativa y efectiva al momento de materializar esa premisas lumínicas en tan diversas condiciones, donde no siempre se cuenta con los tiempos que una quisiera para poder probar y equivocarse”.
“Lo más fascinante ha sido enfrentarse a la materialidad del hielo. Impactar con luz un volumen de agua congelada cada vez es un deslumbramiento de posibilidades y sorpresas, es un momento mágico donde los elementos entran en contacto y desatan efectos inesperados y alucinantes”, cierra Manuela.
Natalia Ramírez Püschel, encargada de la documentación del proyecto, comparte: “el proceso de documentación tuvo que ver con la escritura, el sonido, la capacidad de afectar el sonido, poder integrar el lenguaje a través de la palabra organizada como un espacio especulativo, erótico. La determinación de estos documentos tuvo que ver con la memoria, la capacidad de roce y provocación que podía tener cada documento, una relación de formatos, materiales y contenidos, el agua como espacio molecular que se transforma. Así surgieron cápsulas sonoras, fotografías y textos que devinieron en un ejercicio editorial vitalista”.
“La publicación se compone por cuatro postales y un póster; postales en relación con el cuerpo de hielo, identidad matrística de este proyecto, y el póster que alude a la memoria del agua que somos, y que se llama ‘11700 años de calentura’, trayendo al presente la conciencia de que estamos en una era interglacial. El póster tiene un imaginario visual en movimiento, que son una serie de dieciséis imágenes -ocho versiones impresas y el resto son solo digitales-, y el reverso es un gran texto, un gran cuerpo de agua que vendría a ser como un gran trozo de hielo de reservorios de aguas dulces de hielos eternos”.
Esteban Sagredo, “la geología glacial es una rama de la geología que estudia cómo los glaciares modifican el paisaje, básicamente son estos grandes cuerpos de hielo, estas grandes masas de agua congelada que se van desplazando en el paisaje por la gravedad y a través de este desplazamiento van removiendo materiales, erosionando, transportando y finalmente depositándolos, y con esto van definitivamente cambiando las formas del paisaje, cambiando nuestro entorno, si miramos Patagonia, por ejemplo, vemos que todos los fiordos fueron esculpidos por los glaciares. Todas esta geoformas no es más que el resultado de la acción de miles y miles de años de masas de hielo gigante pasando por encima, erosionando material, transportando material y depositando material, eso es geología glacial, estudiar cómo los glaciares modifican el paisaje”.
“Los glaciares son masas de hielo que no es otra cosa que agua congelada, vemos cómo el agua está cambiando nuestro sistema, la relación es bastante directa con la obra, cómo el hielo va mutando y haciendo mutar a las cosas a su alrededor. Para mí colaborar en este proceso creativo es espectacular, nos hemos dado cuenta que desde la ciencia hemos fracasado, a nivel de problema que tenemos actualmente, la solución está en la interacción con otras ramas, la ciencia por si sola no va a resolver los problemas, necesitamos relacionarnos con los creadores, con los comunicadores, tener otra forma de expresarnos y entregar los conocimientos, por mi lado es increíble transmitir y aportar a través de otro lenguaje, una experiencia interesante y enriquecedora”.
Cristo Riffo, “la investigación fue en relación a involucrarme personalmente en el proceso de los performers, viendo a los ensayos, qué es lo que ellos buscaban con el cuerpo y cómo yo podía responder a esas necesidades a través de la creación de dispositivos sensibles que con el tiempo, con esos tres meses de residencia que estuvimos trabajando, se transformaron en extensiones del cuerpo, imaginando el cuerpo como una especie de geografía, un paisaje, que en su interior podía contener mares, ríos, vapores y eso se transformó en esta especie de dispositivos electrónicos que producían vapores a través de la saliva, el sudor, o el agua en el que eran introducidos, son una extensión del cuerpo porque trabajan con biomateriales y ese tipo de materialidades. Destacar del proceso creativo, es la primera vez que trabajo tan intensamente con un equipo de trabajo constituido por proyectos anteriores, me permitió de manera fresca posicionarme como una persona desde el exterior y lentamente entrar dentro del grupo desde otra práctica y creo que eso me permitió entender otras formas de pensar la creación de objetos artísticos en función de cuerpos en movimiento, cuerpos en escena. Se crearon dispositivos que se accionaban con el cuerpo y la piel, que son unos wireless, accesorios que se conectan en diferentes partes del cuerpo, donde se traduce el sudor, agua o saliva y eso se transforma en vapor, estos dispositivos están hechos con biomateriales y electrónica y usan vibradores ultrasónicos que transforman el agua a través de la vibración en vapor, produciendo una especie de géiseres que se extienden en el cuerpo”.
Núria Buch Canet “
La terapia cráneo-sacral es una terapia que es manual y que se basa sobre todo en la escucha del cuerpo y también del campo electromagnético que lo sostiene, es una escucha profunda de los diferentes tejidos, por ejemplo, el agua del cuerpo. Esta escucha sirve para acompañar al cuerpo de manera de que los tejidos vayan encontrando la manera más sana y auténtica de funcionar, el agua es conductora de electricidad, por eso en esta terapia estudiamos muy bien cómo el agua se mueve por el cuerpo, cómo circula por canales, como en las arterias, a veces como corrientes en el océano, como en el intersticio, y cómo va transportando materiales, información en forma de hormonas, electricidad, de un lugar a otro del cuerpo. Aquí es donde coincidimos con AWA, este proyecto sobre estudiar el agua en el cuerpo y el agua en la tierra, en esta terapia estudiamos varias cosas sobre cómo el agua se mueve en el cuerpo, entra y sale del cuerpo.
El cuerpo habla, en la medida en que uno se conecta con el cuerpo, el cuerpo crea. Cuando el cuerpo empieza a crear esto es sanador en sí mismo, así cada parte del cuerpo tiene su voz y cuando se puede escuchar eso es la manera que tiene el cuerpo de recuperar su manera natural de funcionar que por cosas de estrés o cosas que nos pasan en la vida como que nos desconectamos, aprender a escuchar el cuerpo de nuevo y con precisión hace que el cuerpo recupere la capacidad de sanarse, de recuperar la información que tenía desde el momento en que nos han concebido, crear ayuda a resintonizarnos con esta información, es como si los genes están todos siempre y depende lo uqe va pasando en la vida se van encendiendo unos y otros están como olvidados. Las células se olvidan de activarlos, cuando están creando conseguimos reconectar con todas las posibilidades que antes estaban y se fueron reduciendo”.
Para más información revisar el sitio web del Parque Cultural de Valparaíso - Ex Cárcel https://parquecultural.cl/ y el sitio web del proyecto www.elaguavinodelsol.com

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